Es el epígrafe bajo el cual se describe, en el acta notarial de la patente, la máquina inventada por Cosme García en 1856 para franquear de manera automática las cartas. Una máquina que se componía de “armadura de hierro, un émbolo y varios rodillos que recogen y distribuyen la tinta contenida en el bote sobre una pletina de bronce”. Sorprendido por su funcionamiento, el propio notario señala que “habiendo hecho funcionar dicha máquina, instantáneamente fueron selladas varias carta con la mayor claridad y limpieza en la estampación del sello”.

En aquel momento, la máquina estaba ya en pleno uso en algunas administraciones de Correos, lo que demuestra su excelente funcionamiento y fiabilidad.

Su éxito convirtió a Cosme García en el proveedor de los selladores para Correos además de instruir a los funcionarios en el manejo y mantenimiento de la máquina.

Gracias a este invento Cosme logró reunir una pequeña fortuna y le permitió, en uno de sus viajes para mostrar la máquina, ver el mar por primera vez en su vida. Parece ser que fue en ese momento cuando concibió el que sería su invento más conocido y que tendría más trascendencia, el submarino, que en un primer momento llamó “aparato-buzo” y que posteriormente  bautizo como “Garcibuzo”.

Cosme García Sáez es uno de los inventores más sobresalientes que ha tenido nuestro país y también, uno de los más desconocidos. Junto a los dos inventos que acabamos de comentar,  también patentó una carabina con retrocarga y un modelo de imprenta a máquina tipográfico.

El presente sello es el homenaje de Correos a este gran genio español en el 200 aniversario de su nacimiento.

Un sello que supone también una innovación para el correo y la filatelia al haberse sustituido el papel por caucho sobre el cual el motivo aparece en relieve.